Abuso de tu propia conciencia.
Sentado en la sala de espera, ahí
empezó todo, ahí empezó una cadena
que ni yo puedo superar, una hora,
dos horas, tres horas esperando como
un condenado a su condena.
El susto en tu cara se ve a kilómetros
de distancia, y el de tu madre, para que
te vamos a contar, entras en la sala, allí
te espera el predicador de la buena no-
ticia, y un "te quedas aquí" se clava en tu
espalda, y una lágrima se derrama en tu
cara.
Esa habitación, ese pasillo, esa camilla,
esa silla de ruedas que te espera, porque
ese líquido que se te mete en la vena no
te deja ni moverte, esas caras de tus
padres de preocupación al verte, te miran
como si estuvieras muerto, es horrible.
Pasan los días, ya no te puedes mover,
tu madre te ayuda a ducharte, no puedes
solo, tras esa puerta notas la tristeza,
la envida a los chavales de la calle de fuera,
a "los sanos".
Y ahora reza porque no tengas nada malo,
porque te dejen salir de esa cárcel blanca
cuyas paredes guardan recuerdos de miles
de noches en vela, por si a cualquier niño
su aceleración de corazón lo destruyera, o
sin respiración su tumor lo tuviera, ahora
reza chaval, ahora reza.
Las cosas no son como la pintan en "Pulseras
rojas" Eso es mentira, no hay amigos, solo
caras de tristeza que se te meten en el sentido,
no hay médicos amables, no hay escapadas
durante la noche, no hay enfermeras buenas
que te ayuden, no os lo creais, eso es mentira.
Cuando duermes escuchas las voces de los
"dementes" que justamente estaban abajo de
tu cama, ¿Cómo te sienta eso? ¿Duermes bien?
Y ahora una pregunta, ¿Valoras la vida?
-Fuente: Alguien que ha estado allí.-
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