Siete de la tarde, bendita sea ella,
le conocí, pasando una amarga era,
caminando entre personas que sabían
más que yo, que lo que se dice para
siempre lo será a través del tiempo.
Rozando mi tormento, meses de
amargo intento, suplicaba tu cariño
cada día como un cielo, lo miraba
y me hacía suspirar en el intento,
cada vez que tus labios intentaban
darme un suave beso.
Eran otros tiempos, la gente hablaba
más, las cosas estaban mal si no llevabas
la alianza, si no consagrabas tu amor con el
máximo el cariño prohibido se haría aún
más amargo, pasaron los años, eramos
jóvenes y adultos, preferíamos seguir estando
así, siempre juntitos, abrazados, eterno cielo de
sonrisas y caricias, una boda llegó, yo todavía
estaba fría.
Luna de miel preciosa,
la mejor de mi vida,
consagramos
nuestro amor como lo dictaba la eucaristía,
proseguíamos a unir cuerpos como en
una fantasía, nuestro tiempo pasó,
como en una letanía, padres éramos
ahora, la vida cambia, nuestros hijos
crecieron y se fueron de casa, partieron
en busca de otra vida insana, la que en
estos tiempos desean pastillas azuladas,
no podía creer como había pasado el tiempo,
parecía que ayer mismo éramos niños
pequeños, ahora paseamos, cincuenta años
casados, bodas de plata ya pasaron,
las de oro ya llegaron, estamos muy a gusto
en casita recostados, recordando el
"para siempre" que un día nos juramos.

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